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(#02) Hablan las Musas - Sangre en Vancouver I

Las Hojas fueron agitadas por Irewen jueves, 24 de junio de 2010

Os dejo, una semana más, con Alana. Es la primera parte de dos, la próxima la subiré seguramente la semana que viene si todo va bien. Esta escena fue escrita hará ya cuatro años, aproximadamente, así que como la anterior está reciclada, prometo ponerme con cosillas nuevas en cuanto termine de subir lo que me apetece que leáis y cuando termine los exámenes.

Aparece Alana, pero también aparece un personaje masculino que siempre termina tocando las narices: Alexander, se puede considerar casi como "su ex marido".

¿Qué os parece? ¿Algún fallo? ¿Os interesa? ¿Os aburre? ¿Preferirías otro tipo de relatos por esta sección? ¿Demasiado largo? ¿Demasiado Corto? ¿Soy una auténtica pesada por no parar de haceros preguntas?

Algo de lo que estaba segura Alana mientras caminaba con paso firme en dirección a un local que se encontraba en el final de un callejón, es que algunas cosas no cambiaban y esa no iba a ser la excepción. El ruido llenaba la calle cada vez que se abría la puerta, gente joven vestida de negro, maquillados, imitando en muchos casos a los vampiros se iban cruzando en su camino una y otra vez… y ella pasaba completamente desapercibida.

Si normalmente Alana, en los últimos tiempos, vestía de forma puramente formal, en esa ocasión había roto por completo con esa tónica. El largo abrigo negro rozaba el suelo a cada paso que daba, los pantalones de cuero se encontraban tan pegados que parecían una segunda piel, las botas de tacón alto alzaban varios centímetros de la ya por si alta figura y la camisa negra se encontraba mínimamente abrochada mostrando buena parte de la blanca piel de su abdomen y parte del nacimiento de sus senos.

Sus ojos, tras las gafas de sol, observaban todo en silencio mientras entraba en el local y tras mirar por un instante a los de seguridad subía con rapidez al piso superior.

Al abrir la puerta un escalofrío de reconocimiento se deslizó lentamente por toda su espalda, una serpiente de fuego líquido que provocó que el vello de su nuca se pusiera completamente de punta. Sus ojos verdes se clavaron entonces en una figura que se encontraba apoyada de manera tranquila contra la barra. Si no fuera por lo que era, si no fuera porque lo conocía, si no fuera porque sabía perfectamente lo que estaba pasado y a qué juego jugaban, seguramente hubiera creído que era el hombre más atractivo que había visto en toda su vida.

Fue en ese momento cuando a su nariz llegó el olor a especias, fue entonces cuando por un instante casi se imaginó en otro lugar, en otro momento, en otro mundo. Su lengua se deslizó lentamente por unos labios que se habían resecado mientras se acercaba hacia él sin mirar a su alrededor. El sonido de sus botas se encontraba aislado por la alfombra que cubría el suelo, una alfombra que recorría por entero la planta rectangular de aquel lugar. Una alfombra que sabía que no había impedido que él supiera que estaba en ese momento acercándose a pesar de que tuviera toda su atención concentrada en la copa que tenía entre las manos, jugando con ella.

Sabía, sin tener que mirarlo, que el lugar era tranquilo y que se encontraba completamente vacío. En las paredes más cercanas a la pared librerías cubiertas de libros las recorrían del techo al suelo, habiendo sillones y sofás repartidos de manera equilibrada con pequeñas lámparas para poder leer.

Se encontraba más cerca de la barra, una barra que recorría toda la pared contraria mientras que los ventanales permitían ver el exterior por completo, incluso la terraza que lo recorría salvo por la puerta que estaba detrás de la barra y que daba directamente al jardín. Tampoco se podía ver el exterior en la zona en la que se encontraba el despacho.

En ese momento, a unos pocos pasos de él, observando detenidamente su perfil de armonioso rasgos, su tez aceitunada, sus largas pestañas negras, sabía que a su alrededor estaría el amasijo de mesas que hacían famoso aquel lugar como un “paraíso de paz”, encima del “infierno del caos”.

Esas palabras siempre le habían hecho gracia y las había acoplado a su propio vocabulario cuando tenía que referirse a aquel lugar. Hécate, así se llamaba, Hécate como la diosa griega. Y estaba claro para los que conocían a su dueña que podría haberse llamado Hécate tranquilamente porque tenía voz de hechicera.

- Llegas tarde.

La voz de él se escuchó en mitad del local como un latigazo. Una voz sedosa, sedante, que se desliaba por su cuerpo lentamente prometiendo, acariciando. Una voz que tenía impresa su lugar de nacimiento, una voz que siempre había hecho que su estómago se encogiera, que su piel se sensibilizara.

- He llegado en cuanto he podido.- contestó Alana mientras le miraba con firmeza, moviéndose hasta quedar apoyada en la barra justo delante de él.

- Siempre ocupada en otros asuntos más importantes, ¿verdad?- los ojos oscuros de él, como si fueran un profundo pozo, como si jamás hubieran visto una pared y solo pudieran ver el horizonte, se clavaron directamente en los suyos como si las gafas de sol no existieran.- Esto es importante, hay problemas en la ciudad… en tú ciudad.

Y Alana pudo notar la tensión que había en su voz, la recriminación por haber estado tanto tiempo lejos, por haberse preocupado por otros asuntos por encima de los de la ciudad que estaba bajo su responsabilidad. Pudo notar cómo él se movía hasta coger uno de los largos mechones negros provocando que ambos cuerpos estuvieran mucho más cerca de lo habitual.

Alzó entonces el rostro para poder mirarle a los ojos. Era más alto que ella, algo que siempre sorprendía. Siempre se habían imaginado a los suyos más bajos, más oscuros. Notaba la caricia de su mano en su pelo como siempre hacía, provocando que miles de escalofríos recorrieran lentamente su columna vertebral.

- ¿Qué ha sido esta vez?- preguntó mientras le miraba, sin apartarse, sin alejarse, manteniéndose en su sitio sabiendo que eso siempre le molestaba.

Siempre le había molestado que ella no se echara a temblar ante su presencia, que siempre le hubiera hecho cara. Que siempre se hubiera mantenido en su sitio, con el gesto ligeramente desafiante, a pesar de que sabía que podría aplastarla como si de una cucaracha se tratara en el momento en él que hubiera querido.

- Desapariciones, apariciones…- susurró él mientras terminaba por pegar completamente su cuerpo al de ella, dejando la copa sobre la barra deslizando su mano hasta su nuca mientras la otra acariciaba lentamente el mechón que aún tenía entrelazado entre sus dedos.- Tendrás que descubrirlo por ti misma, aunque alguien se lo ha pasado francamente bien… te lo aseguro.

Un nuevo escalofrío la recorrió lentamente la espalda mientras notaba el cuerpo de él contra el suyo propio. Se pasó lentamente la lengua una vez más por los labios resecos sabiendo perfectamente que los ojos de él seguirían ese movimiento.

- ¿Has tenido tú algo que ver con eso?

Y no hubo una contestación satisfactoria, solo una risa divertida, solo una carcajada entre dientes que terminó acallándose cuando sujetándola por la nuca le acercó aún más contra él, con firmeza, hundiendo sus labios en los de ella para besarla con brusquedad. Alana simplemente pegó el cuerpo de ella al de él, manteniendo su beso, sus manos laxas a ambos lados de su cuerpo sin tocarle mientras notaba la presa de hierro en su nuca, mientras notaba cómo las heridas se abrían una a una, mientras que oleadas de sentimientos contradictorios se deslizaban por su cuerpo como si una presa hubiera sido abierta.

9 hojas al viento

  1. me ha gustado mucho¡¡¡lo he leido esta vez mas detenidamente pues ando con menos examenes¡y wow;)
    besotes

     
  2. Laura S.B. Says:
  3. Qué relación tan extraña la de esos dos. Me ha gustado mucho la escena. Sólo un comentario de algo que me llamó la atención: en un par de párrafos me faltan pausas, se me hacen las frases largas (pero es sólo en un par de ocasiones, el resto está genial).

    Seguiré la historia de cerca ;)

     
  4. Irewen Says:
  5. Cazadora: Me alegra que te guste. A ver si subo alguna cosilla más ^^ Besoss

    Laura: Si tu supieras... una relación rara rara. ¿Me podrías señalar en qué párrafo es para modificarlo? Muchas gracias por tu comentario, me queda muchísimo trabajo por hacer antes de conseguir escribir algo decente. Besoss

    Gracias a las dos por vuestros comentarios :)

     
  6. Se me recuerda a la que colgaste hace un tiempo. Es la misma protagonista, ¿no?

    Un besito,

    Lana Drown.

     
  7. Noel M. Says:
  8. Aaaaah, babas, babas, el misterioso de la barra me ha dejado intrigadísima. Habrá continuación no? Porque me has dejado con la curiosidad de saber qué es lo que pasa luego... Muhaahhahaha, mola mucho, la verdad. hasta yo he podido oir la voz suavemente peligrosa del hombre misterioso. :D Sigue así y publica la continuación pronto!!

    Besos!! Muack

     
  9. Arsénico Says:
  10. Bueno wapa, por fin he podido leerlo *___*. Me ha encantado la escenina!! y tengo miles y miles de dudas, pero no te voy a volver muy loca, porque algunas seguro que se aclaran con esa segunda parte...y otras...las irás aclarando verdad?? Me he imaginado misterioso atractivo y ais, mi imaginación vuela!! jeje

    Está genial de verdad, no me parece ni muy largo ni muy corto. Y tranqui, no nos cansan tus preguntas!!! (qué gracia me has hecho XDDD).

    Besotes!!

    PD: queremos más Alana pronto!! ^_^

     
  11. Irewen Says:
  12. Lana: Sí, es la misma protagonista, Alana :) Besos.

    Noel: El señor de la barra es un personaje que siempre anda de una u otra manera metido en la vida de Alana. ¡Me alegra muchísimo que te haya gustado! Besitos!

    Arsénico: Jajaja, tú hazme las preguntas que quieras, si no se responden en la siguiente entrega, te las contestaré. Aviso que Alana al ser un personaje de hace tanto tiempo tiene una historia muy retorcida y este caballero ha estado metido en todos los fregados o casi todos. Muchos besos y gracias por tus palabras.

     
  13. Maisha Says:
  14. Este comentario ha sido eliminado por el autor.  
  15. Maisha Says:
  16. Me ha gustado mucho, escribes muy bien y me ha gustado especialmente que al leerlo gracias a que enfatizas en la justa medida haces que, al menos yo, me meta más en la historia. ¡Sigue así! Un besote!

     

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